
Redacción T Magazine México
En el número 254 de Petrarca, en Polanco, Ticuchi continúa afinando su forma de habitar la noche. La barra de destilados de agave impulsada por el chef Enrique Olvera y Gonzalo Gout mantiene su carácter íntimo y reflexivo, y entra en una nueva etapa marcada por un cambio claro en su dinámica. La Ventana, su expresión diurna, concluyó su ciclo en octubre, dando paso a una experiencia concentrada de jueves a sábado, a partir de las 3:30 de la tarde, dentro del espacio principal.
Ticuchi —murciélago en mixteco— fue concebido como un lugar para detenerse, mirar y escuchar. El diseño interior, a cargo de Aisha Ballesteros de JSa, envuelve al visitante en una atmósfera de luz baja, terciopelo, madera quemada y concreto. Las velas marcan el pulso de la noche y acompañan una conversación que gira en torno al sabor, la procedencia y los procesos detrás de cada destilado.

La barra se mantiene como el centro del espacio. Frente a ella, los comensales recorren una selección amplia y precisa de mezcales y destilados provenientes de Oaxaca, Guerrero, Puebla, Sonora, Durango, Michoacán, Jalisco y otras regiones, con énfasis en el trabajo de maestras y maestros mezcaleros. Cada servicio abre una conversación sobre territorio, técnicas y memoria líquida.


La propuesta de coctelería acompaña esa exploración desde la elegancia y el equilibrio, buscando realzar la complejidad natural del agave. En cocina, el comal articula el menú: maíz, vegetales y productos del mar dialogan con una noción clara de temporalidad y pesca disponible. Bajo la dirección del jefe de cocina Germán Rodríguez, la carta se mueve con soltura entre lo esencial y lo profundamente expresivo.

Ticuchi se presenta como un espacio donde el agave se piensa sin prisa, la noche se construye a partir del diálogo y la hospitalidad se vive desde la atención al detalle.