Cortesía: Les Graphiquants.

Foto cortesía de Casey/Casey

Casey/Casey, fundado en París en 2008 por Gareth Casey, el atelier opera como un espacio vivo donde el tiempo, el oficio y la emoción dictan la forma final de cada prenda. Se entiende como un taller en permanente proceso, una colección de contradicciones cuidadosamente sostenidas.

Cortesía: Les Graphiquants.
Cortesía: Les Graphiquants.
Cortesía: Les Graphiquants.

Autodidacta, con una trayectoria que cruza pintura, escultura, cerámica y trabajo textil, Gareth Casey se define a sí mismo como un “art”isan, una palabra que funde arte y artesanía. Esa mirada híbrida atraviesa toda la propuesta de la firma; prendas utilitarias que rozan lo poético, siluetas sobrias que esconden una profunda experimentación material, y una noción de lujo que se construye desde la duración, no desde el exceso.

En el centro del proceso creativo está el textil. Casey/Casey desarrolla sus propias telas exclusivas, conocidas como Paper Wovens, tejidos deliberadamente sobreconstruidos que se dejan crudos para revelar su carácter con el uso, el lavado y el paso del tiempo. Son materiales que crujen, se retraen, se suavizan y adquieren pátina. La prenda no se termina en el atelier, sino en el cuerpo de quien la habita.

Cortesía: Les Graphiquants.

Esta relación con la materia se traduce en una forma particular de entender el diseño. Aquí la forma no sigue necesariamente a la función; puede seguir a una emoción, a un gesto mínimo o al simple deseo de jugar. Las colecciones, tanto de hombre como de mujer, se construyen como un guardarropa expandido, pensado para transitar del trabajo al descanso, del silencio a la exposición, sin cambiar de piel.

Lejos de los circuitos masivos, la marca ha crecido de manera discreta, casi subterránea, sostenida por el boca a boca y por una comunidad que comparte valores y sensibilidad. Desde su atelier y showroom en la Rue de Solférino, Casey/Casey propone una relación más lenta y consciente con la ropa, donde vestir no es una declaración inmediata, sino una conversación prolongada entre cuerpo, tiempo y textura.


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