Créditos: Pacu.

Redacción T Magazine México

La periferia también guarda semillas de futuro; en Oaxaca, una antigua fábrica de contrachapado —durante años silenciosa y en desuso— se convierte en el punto de partida para repensar el espacio público. El Parque Primavera Oaxaqueña, diseñado por Laboratorio Regional de Arquitectura y RootStudio, es más que una obra urbana, es una declaración sobre cómo una ciudad puede reconciliarse con sus bordes, sus historias y su gente.

Son 11.84 hectáreas que dejaron atrás la fragmentación para convertirse en un tejido vivo. La intervención combina restauraciones cuidadosas con nuevas estructuras levantadas a partir de materiales locales, madera reciclada y acero recuperado. El resultado es un paisaje híbrido que respira pasado industrial y vocación comunitaria, sin renunciar a una lectura contemporánea del territorio.

Uno de los aspectos más poderosos del proyecto es su apuesta por la participación social. El parque no se concibe como un objeto arquitectónico, sino como un organismo que integra voces y prácticas diversas. El ejemplo más claro es el Museo de la Milpa, un espacio que honra uno de los patrimonios más profundos de Oaxaca, se recupera el valor agrícola, simbólico y espiritual del maíz, recordando que en esta tierra germinaron algunas de las historias más antiguas de domesticación del grano.

Créditos: Pacu.
Créditos: Pacu.
Créditos: Pacu.

Al igual que la milpa, el parque articula distintos tiempos y ritmos, desde áreas educativas hasta un recinto ferial, plazas activas, cine al aire libre y una explanada central que funciona como corazón cívico. Todo convive con la infraestructura deportiva —ciclovías, trotapistas, canchas, skatepark, zonas de parkour— que democratiza el acceso al movimiento y a la vida pública.

El borde ecológico, los sistemas de captación pluvial, los pozos de infiltración y el humedal para depuración natural construyen un relato donde el diseño se vuelve herramienta ambiental. La vegetación nativa, sembrada de forma estratégica, reafirma esta visión y convierte al parque en un aula abierta sobre biodiversidad y sostenibilidad.

El arte también está inscrito en el ADN del proyecto. La reja perimetral diseñada por la familia Toledo recorre 1000  metros lineales como un gesto poético que protege sin encerrar. La instalación 2501 Migrantes, de Alejandro Santiago, insiste en un tema que atraviesa a Oaxaca y a todo el país: la búsqueda de un lugar digno para vivir. Y el mural comunitario de 6000 placas de cerámica, creado por niñas y niños bajo la guía de Shinzaburo Takeda y Adán Paredes, hace visible la memoria visual de las ocho regiones.

En su conjunto, Parque Primavera Oaxaqueña sostiene una idea clara: que la infraestructura pública puede ser una forma de reparación. 


TE RECOMENDAMOS