En la franja donde la vegetación se vuelve espesa y el sonido del mar pierde protagonismo, NABOA Tulum aparece como una construcción que prefiere la permanencia al impacto inmediato. Su arquitectura se apoya en líneas puras y materiales de origen local, con el chukum como piel dominante, una técnica ancestral que fija el color de la tierra y regula la temperatura del espacio. El resultado es un conjunto que respira con el entorno y se deja habitar sin imponer ritmo.
El proyecto reúne la visión de Jaque Studio, encabezado por el arquitecto mexicano Jesús Acosta, y la dirección artística de Studio Wenden. En los interiores, la selección de piezas artesanales marca el pulso del lugar. Tapetes de Oaxaca, cerámicas de Escarabajo, luminarias de Nuumbra y textiles de Caralarga construyen una atmósfera donde el lujo se percibe en la textura y en el silencio. Una continuidad entre materia, luz y sombra.
Con apenas diez suites, distribuidas en tres tipologías, el hotel privilegia la privacidad como condición básica del descanso. Las habitaciones se abren hacia terrazas, patios y vegetación densa, permitiendo que el exterior entre sin invadir. El tiempo parece dilatarse en cada transición, del salón común a la piscina, del jardín al solarium, sin jerarquías rígidas.

El bienestar se entiende como una práctica cotidiana. Yoga, sesiones de relajación con cuencos, barre y tratamientos inspirados en saberes precolombinos forman parte de una propuesta que atiende al cuerpo desde la pausa y la repetición. La experiencia se completa con LU_LO, el restaurante a cargo del chef Carlos Bordonave, donde la cocina mexicana dialoga con técnicas contemporáneas a partir de ingredientes de temporada. La mixología de Koki Yokoyama suma precisión y carácter a una oferta pensada para acompañar el día completo. NABOA Tulum inaugura una forma de hospitalidad que se sostiene en la contención y en el cuidado del detalle.