
Carolina Chávez
En una industria que durante décadas afinó la belleza hasta volverla homogénea, Mia Goth aparece como una figura que desplaza el eje. Su rostro, su manera de habitar la pantalla y su relación con la moda responden a otra sensibilidad, una donde la diferencia se asume como lenguaje y la extrañeza funciona como magnetismo.
Goth ha hablado con naturalidad sobre la aceptación de aquello que la distingue. Sus cejas claras, su expresión cambiante, su fisicalidad ambigua forman parte de una identidad que no se corrige ni se pule. En su caso, la singularidad opera como una herramienta creativa que fortalece su presencia. La belleza deja de ser una meta fija y se vuelve una experiencia mutable, ligada al carácter y a la emoción.
Ese mismo pulso atraviesa su estilo personal, frecuentemente descrito como soft goth o clean goth. Una estética donde conviven el misterio, el romanticismo oscuro y una cierta contención formal. En alfombras rojas y editoriales, Goth elige siluetas que subrayan la atmósfera antes que el ornamento, construyendo una imagen que dialoga con la alta costura desde lo intuitivo y lo introspectivo.


En el cine, su compromiso con la transformación es radical. Su interpretación de Pearl implicó horas de maquillaje prostético y una entrega física total, evidenciando una ética actoral que privilegia la caracterización y la verdad emocional. En su trabajo, el cuerpo se convierte en territorio expresivo, capaz de mutar, incomodar y sostener relatos intensos sin perder coherencia interna.
Esa coherencia explica su creciente presencia en el cine contemporáneo y su vínculo con casas de lujo como Dior. Su ascenso señala una apertura real en la industria, donde la individualidad adquiere valor simbólico y estético. Goth encarna una belleza que no busca agradar de inmediato, una belleza que propone pausa, atención y profundidad.
Mia Goth representa una sensibilidad que atraviesa cine, moda y cultura visual. Su figura confirma que la belleza contemporánea se construye desde la autenticidad, la vulnerabilidad y la potencia de ser uno mismo. En ese gesto, redefine el imaginario y amplía el espacio para otras formas de existir en pantalla.