Foto cortesía de @mwo_design.

Redacción T Magazine México

El trabajo de Mathilde Wittock se sitúa en un territorio donde el diseño deja de ser una solución formal para convertirse en un sistema vivo. Diseñadora y material researcher de origen belga, su práctica cruza biodesign, ecodiseño e investigación sensorial con una claridad conceptual poco común, guiada por una pregunta insistente: ¿qué tipo de relación queremos construir con los objetos que nos rodean?

Formada en biodesign e industrial design en Central Saint Martins, en Londres, Wittock desarrolló una mirada crítica sobre la intersección entre diseño, industria y sostenibilidad. Su paso por estudios como Pentagram, Atelier Van Lieshout y Futurewave consolidó una conciencia estructural del impacto que tienen los procesos de diseño, no solo en términos estéticos, sino sociales, ambientales y culturales. No se trata de “hacer menos daño”, sino de repensar el sistema completo.

Foto cortesía de Reza Gorji Hassani.
Foto cortesía: @rodolphedebrabandere.

Uno de los ejes centrales de su trabajo es la exploración sensorial de los materiales. Para Wittock, el diseño no se limita a la parte visual. La experiencia de un objeto se construye también desde lo táctil, lo auditivo y lo olfativo. Es en esa activación múltiple de los sentidos donde surge una conexión emocional más profunda entre las personas y lo que usan. Un vínculo que, en su visión, es clave para fomentar el cuidado, la durabilidad y la permanencia.

Su aproximación está anclada en principios de diseño circular. Cada proyecto considera el ciclo de vida completo del material, desde su origen hasta su posible regeneración. Wittock trabaja especialmente con materiales regenerativos, ya sea provenientes de residuos o derivados de procesos biológicos, convencida de que la sostenibilidad real no es estática, sino cíclica. Materiales que no solo se degradan mejor, sino que pueden volver a integrarse activamente en sistemas productivos.

Foto cortesía de @mwo_design.

Actualmente radicada en Bruselas, Wittock colabora con una universidad en investigaciones sobre las propiedades acústicas de los materiales. Este enfoque amplía su práctica hacia una dimensión menos explorada del diseño contemporáneo: el sonido. Integrar la acústica como parte del diseño material abre nuevas posibilidades para crear espacios y objetos más conscientes, capaces de influir en el bienestar, la percepción y la experiencia cotidiana.


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