Javier Fernández de Angulo

Fotografía por Beatriz Rodríguez

Mediado el siglo xix, Luciano Murrieta, hijo de español y peruana, era uno de los hombres de confianza del general Baldomero Espartero, exiliado en Londres por motivos políticos. En la capital británica, Murrieta no solo ejerció como enlace diplomático, sino que también tuvo tiempo para aprender a disfrutar de los vinos franceses que en aquella época se servían en los grandes salones y clubes privados de la ciudad. Obsesionado con su nueva pasión, en 1852 Murrieta presentó el primer vino fino de La Rioja. Casi tres décadas después, en 1879, nacía a las afueras de Logroño la Bodega Marqués de Murrieta, la primera de La Rioja, denominación que celebra su centenario en este 2025.

Cuando Murrieta murió en 1911 sin dejar descendencia, la bodega pasó a manos de la familia Olivares, hasta que en 1983 fue adquirida por Vicente Cebrián-Sagarriga. Fallecido en 1996, fue su hijo Vicente Dalmau quien a partir de entonces tomó las riendas de una etiqueta legendaria. “Cuando eres propietario de una pieza cultural siendo tan joven tienes que mandar mensajes de fortaleza, si no te liquidan. Tuve miles de ofertas para vender la bodega cuando mi padre murió a los 46 años, pero tenía claro que debía sacarla adelante, honrar su figura. Me eduqué en el mundo del vino y debía continuar este legado”, dice a T México el vástago, hoy presidente de Marqués de Murrieta Estates & Wines. 

Estamos en el corazón de La Rioja, muy cerca de Logroño, en tierras de cal y arcilla bañadas por el Ebro por las que ya suspiraban los romanos. Aquí, a finales de la década de los setenta del siglo XIX, levantó el castillo de Ygay el originario Marqués de Murrieta, hoy completamente reconstruido tras ocho años de trabajo y 14 millones de euros de inversión. El nuevo edificio preside un complejo de 25,000 metros cuadrados y 50,000 metros de jardines que es también la sede desde la que Marqués de Murrieta exporta vino a 106 países. “El 70 por ciento de la producción se vende fuera de España”, confiesa Cebrián-Sagarriga, ideólogo de una revolución pausada que, poco después de su llegada a la presidencia, permitió un diálogo interno entre la tradición y el futuro. Estableció las etiquetas que habían convertido a la bodega en un referente, pero también introdujo otras como Capellanía o Dalmau. “Dalmau fue la historia de una necesidad. Junto a mi hermana Cristina decidí no solo actualizar las grandes etiquetas, sino crear un vino de corte moderno, contemporáneo, con potencia, alcohol y color, con menos madera y más fruta. Generó polémica y fue un éxito mediático. Es un vino que puede ser de nuevo mundo”, explica.

Cebrián-Sagarriga también experimentaba con los pagos, las maderas, el hormigón y las uvas, hasta que un día creó Castillo de Ygay, un vino que sale a la venta con un mínimo de crianza de 13 años y que para muchos es una obra maestra. “Buscaba el máximo nivel de elegancia, el máximo nivel de frescura, que la madurez se mezclara con la juventud, algo único con el tiempo como protagonista. El tiempo es sinónimo de calidad”, dice. En 2010, Castillo de Ygay Gran Reserva Especial 2010 fue elegido por Wine Spectator como el mejor vino del año y el Gran Reserva Especial 2012 recibió 100 puntos de las guías Peñín y James Suckling. 

Convertida en un destino para los amantes del enoturismo, Marqués de Murrieta ofrece al visitante un interesante museo del vino, catas y hostelería, pero también una profunda conexión con la naturaleza en fincas y pagos como La Plana, Capellanía, Canajas (origen de Dalmau), o Lucas, donde nació el primer rosé de la historia de la casa. “Son fincas exclusivas, con mucha personalidad y alma”, subraya Cebrián-Sagarriga. El proyecto arquitectónico es otro de los atractivos. En 2023, recibió el premio de Mejor Bodega del Mundo en los premios entregados por la plataforma Great Wine Capitals Global Network, y recientemente Forbes la eligió como la Mejor Bodega de Europa. “Lo que más me llena de orgullo es que son los profesionales del vino quienes la eligen”, señala el presidente.

Tras más de un siglo en La Rioja, Marqués de Murrieta amplió recientemente sus horizontes a Galicia, donde elaboran vinos “con factor diferencial”, explica Cebrián-Sagarriga. De allí proceden el albariño Pazo Barrantes y La Comtesse. Preocupado por los efectos que el cambio climático puede provocar en la industria del vino a corto plazo —“La Rioja calcula este año una bajada del 40 por ciento en su producción”, anuncia— Cebrián-Sagarriga está convencido de que la escasez y las dificultades pueden ser también ventanas de oportunidad. “Los grandes vinos se hacen de los terrenos pobres, de los años duros”, sentencia.


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