Foto: cortesía del proyecto

Carolina Chávez

Detrás de unas ventanas cubiertas por cortinas pesadas, en la rue Mazarine, Le 21 ha vuelto a abrir sus puertas. No hay reaperturas espectaculares ni anuncios estridentes. El restaurante conserva su sala Art Deco, su escala íntima y una forma de hospitalidad que rehúye el ritmo acelerado de la ciudad. La noche comienza con champaña y se despliega en una sola sentada, pensada como una secuencia continua.

Foto: cortesía del proyecto
Foto: cortesía del proyecto

Fundado en 2006 por el chef Paul Minchelli, Le 21 construyó una reputación sólida a partir de una cocina centrada en el mar y una clientela fiel, atenta a los detalles. Su regreso marca una nueva etapa bajo la dirección del chef Braden Perkins, figura clave de la escena parisina contemporánea gracias a proyectos como Verjus, Ellsworth y Twenty-Two Club.

La propuesta mantiene una estructura singular. Los platillos no llegan en cursos sucesivos. Se presentan en conjunto, sobre la mesa, siguiendo una tradición clásica francesa que reduce interrupciones y permite que la cena avance sin sobresaltos. La atención se desplaza del plato individual a la experiencia compartida.

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Perkins traslada aquí una cocina precisa y estacional, con un énfasis claro en vegetales y productos tratados con respeto y economía de gesto. El cambio no altera la identidad del lugar. La ajusta. Le 21 conserva su carácter reservado y su vocación por una noche larga, donde el servicio acompaña sin imponerse y la arquitectura del comedor sostiene la atmósfera.

En una ciudad acostumbrada a la rotación constante de aperturas, el regreso de Le 21 propone otra temporalidad. Una en la que la mesa funciona como refugio, el ritual importa y la cena se permite durar.


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