Cabaña en Playa Viva, en Guerrero, a una hora por carretera de Zihuatanejo. Fotografía: Ana Lorenzana

Por Liliana López Sorzano

En un pedacito de la costa del Pacífico mexicano, entre palmeras, árboles de mango y un mar caprichoso, Playa Viva que opera desde hace 16 años redefine el concepto de lujo. Este eco resort de 20 habitaciones, a una hora del aeropuerto de Zihuatanejo, no ofrece opulencia sino una experiencia de conexión con la naturaleza, con la comunidad local y con un estilo de vida más consciente. Aquí, la sostenibilidad no es discurso: no hay concesiones con el plástico, la arquitectura se integra al paisaje, el sonido del mar es la banda sonora, la energía proviene del sol, buena parte de los ingredientes que se sirven en la mesa se cultivan allí mismo de manera orgánica y la comunidad local trabaja en el hotel y en proyectos que buscan el bien común. No hay televisión ni aire acondicionado, pero hay silencio, cielos estrellados y una sensación difícil de describir que muchos llegan a reconocer como transformadora. Hablamos con David Leventhal propietario de Playa Viva y cofundador, al lado de Amanda Ho, de Regenerative Travel, una red global de hoteles y agencias de viajes comprometidos con prácticas regenerativas que promueven el bienestar del planeta y las comunidades locales. 

¿Cuáles son las diferencias entre turismo regenerativo y turismo sostenible?

Todo es como un arco que va desde la nada a ser consciente de que tienes un impacto positivo o negativo en el planeta. Primero se puede ser eco verde, después sostenible y luego regenerativo. El ejemplo que uso es cuando vas a un camping y encuentras que todo está tirado por todos lados. Eco verde es: no voy a tirar nada; Sostenible es: voy a recoger lo que tiro y regenerativo es: voy a limpiar todo para reequilibrar el lugar. Es un cambio de chip, es pensar en un sistema holístico. El cambio también tiene que ver con la creencia de que tenemos que extraer todo lo que podamos para tener suficiente abundancia, pero hay que entender que hay suficiente para todos. La otra palabra clave es reciprocidad: no me voy de vacaciones para encerrarme, en cambio me voy de vacaciones para conocer lo que es especial del lugar, incluyendo a la gente y para agregar valor a estar ahí.

David Leventhal, su propietario, fotografiado el pasado 22 de abril. Fotografía: Ana Lorenzana

Playa Viva ha sido una manera de fortalecer las relaciones con las comunidades que la rodean. ¿Cómo ha sido el impacto en ellas?

 Ahí va la reciprocidad: primero el proceso de desarrollar en una manera regenerativa incluye algo que se llama “honor de lugar”. Entendimos que el rol era regresar la abundancia que había en este territorio. Hace 15 años cuando llegamos a este terreno era bosque costero bajo con palmeras, árboles de tamarindo, mangos, una huerta que nadie trabajó durante mucho tiempo. Lo primero que hicimos fue sembrar 10000 árboles. No solo se trata de regenerar el lugar también se trata de la gente. Todos los jóvenes se iban de Juluchuca porque no había oportunidades laborales. Mucha de esta población trabaja con nosotros y han aprendido en cómo trabajar la tierra sin agroquímicos, de una manera agroforestal. La gente del pueblo nos cuenta cómo ha disminuido la basura y creemos que es una reacción de una cultura que hemos sembrado poco a poco.  

En un mundo que apuesta por la eficiencia, por la inmediatez, ¿cuál ha sido el costo de nadar contracorriente?

Este ha sido un proceso de cambio para mi vida, de concientizarme. Entendimos que no solo era conservación del medio ambiente, sino también impacto social. Tienes que ver el panorama completo. La gente cree que los negocios y el capitalismo no pueden funcionar de una manera sostenible o regenerativa. Hay ejemplos como una marca como Patagonia o todas las empresas que hacen parte de B Corp. Todos operan con la intención de mejorar la calidad de vida de sus empleados, las comunidades, la gobernanza. Siento que las nuevas generaciones son mucho más conscientes en escoger decisiones de consumo que no solo hacen menos daño, sino que impactan de manera positiva. 

Fotografía: Ana Lorenzana

¿Cuál sería su definición de lujo en la hospitalidad?

Tenemos una frase como marca registrada que dice: Inmersos en el lujo de la naturaleza. El lujo ha cambiado, antes quizá se hablaba de mármol, de oro, caviar importado o vinos que vienen de Francia. Hicimos un ejercicio con la gente, les preguntamos sobre su memoria favorita de chicos cuando iban de vacaciones. Casi todas las respuestas remitían a una imagen en la naturaleza, algo muy simple como ir al río, ir a la casa del lago, jugar en el mar. Poco a poco la gente ha entendido que el lujo es la experiencia de la naturaleza. El lujo también es bañarse con agua caliente calentada por el sol, consumir un jitomate orgánico que se ha cosechado en la mañana en su punto ideal de maduración. 

¿Cuáles son esas prácticas fundamentales no negociables para empezar en el camino del turismo regenerativo?

Los estándares mínimos para ser parte de este grupo son: no uso de plástico de un solo uso. Pienso que el otro es “honor de lugar” en el sentido de que no hiciste una construcción que puede estar en cualquier lugar, tiene que tener sense of place.  Otro de los factores fundamentales es el trato a tus empleados. Es una gobernanza donde el equipo está involucrado en el cambio positivo y donde se sientan orgullosos de su trabajo. Eso es básico para la calidad del hotel. Al mismo tiempo, tiene que haber un compromiso en reducir la huella de carbono de la operación del hotel. Nosotros lo hacemos con energía renovable, con el buen manejo y ahorro del agua, haciendo composta, alimentando a algunos animales con los desechos de comida, manejando los residuos de una manera inteligente, reduciendo la distancia de la cadena de abastecimiento, usando ingredientes locales que nosotros mismos cosechamos o los productos de comunidades aledañas. Controlando lo que entra a la propiedad para minimizar lo que sale. No somos perfectos, por ejemplo, al principio teníamos vinos del mundo y un sommelier nos hizo caer en cuenta que había muchos vinos mexicanos de calidad. Ahora nuestra carta solo tiene vinos del país.

La gastronomía, la naturaleza y el bienestar se mezclan en Playa Viva. Fotografía: Ana Lorenzana

¿Qué otro proyecto tiene para seguir mejorando? 

Uno es seguir mejorando nuestra cadena de abastecimiento. La otra es el impacto social y medioambiental a través de ReSiMar (Regenerando sierra y mar) que cuenta con cinco nodos: educación, permacultura, cuidado del agua, la vida marina y áreas protegidas. Cuando empezamos la historia de lugar, este territorio tiene un estero que viene de arriba de la cuenca. Teníamos que ir a la fuente, tenemos una responsabilidad para hacer una cuenca más sana, más resiliente y eso solo lo podemos hacer si trabajamos al lado de la comunidad que la habita. Estamos asociados con Tierra Foods que tiene un proyecto con el árbol de uje (cuya semilla sirve para hacer harina). Este árbol es capaz de capturar la huella de carbono más que otras especies, la idea es comenzar a sembrarlo a lo largo de la cuenca, pero siempre teniendo en cuenta la permacultura. 

¿Qué sueña para el futuro del turismo?

Tiene que ver con la razón para viajar y que esta tenga que ver con expandir nuestra mente y mundo. No se trata de llevar las mismas comodidades que tienes en casa, hay que ir para tener una experiencia única de lugar.  Me gusta mucho una frase que dijo Anthony Bourdain: viajar no es una recompensa por trabajar, es experiencia para vivir.

“No tenemos un planeta B. Nuestra responsabilidad es ver qué daño estamos haciendo en este camino y arreglarlo. La tierra no nos necesita, nosotros necesitamos a la tierra”.


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