
Redacción T Magazine México
Milán vuelve a ser el punto de partida. Gucci: La Famiglia se presenta como una campaña que piensa la moda desde el interior, desde la noción de grupo, afinidad y carácter compartido. Bajo la dirección creativa de Demna, la Casa italiana propone una lectura del vestir como lenguaje social, donde cada silueta participa de una identidad común construida a partir de gestos, códigos históricos y una idea muy precisa del arquetipo.
La colección, presentada por primera vez en septiembre y disponible a partir del 8 de enero, es antesala de la visión que Demna desarrollará plenamente en febrero. En este primer gesto, el diseñador revisita los archivos de Gucci y sus distintas épocas para activar una conversación entre pasado y presente, donde la herencia se desplaza.


Capturada por la fotógrafa Catherine Opie, la campaña presenta una serie de personajes que encarnan distintas facetas de esta familia extendida. Cada figura aparece definida por una actitud, una forma de habitar la ropa y una relación orgánica con los códigos de la Casa. El estilismo y la postura construyen un relato donde el vestuario deja de ser ornamento para convertirse en expresión de temperamento y mentalidad compartida.
La colección se despliega a través de arquetipos que reinterpretan la elegancia italiana con una sensualidad directa y una espontaneidad que se siente corporal. El pequeño abrigo rojo de inspiración sesentera, los looks negros depurados acompañados por el bolso Bamboo 1947 reconfigurado, los mules de piel llevados con naturalidad o los trajes masculinos que recuperan el placer de vestirse, componen una narrativa donde la sprezzatura aparece como práctica cotidiana, no como artificio estilístico.



En La Famiglia, la identidad se construye por acumulación de actitudes. Cada personaje revela una personalidad distinta y, al mismo tiempo, refuerza una pertenencia común. La ropa articula esa tensión entre individualidad y colectivo, proponiendo una idea de lujo que se sostiene en el carácter, la presencia y la continuidad de códigos reconocibles.
Gucci inaugura así una etapa donde la moda observa de cerca los vínculos humanos, el archivo como memoria activa y el gesto como núcleo expresivo. Una familia ampliada que se reconoce en la manera de caminar, de posar, de habitar la ropa y el tiempo.