Fotografías: Miguel Cobos

Redacción T Magazine México

El cacao ha definido durante siglos el pulso económico, simbólico y social de Tabasco. En el corazón de Villahermosa, dentro del proyecto de transformación del malecón del río Grijalva, el Museo Regional La Cacaotera asume esa herencia y la traduce en arquitectura. Inaugurado en 2024, el recinto ocupa el sitio del antiguo edificio de la Unión Nacional de Productores de Cacao, una construcción deteriorada que hoy da paso a un espacio de aprendizaje, memoria y circulación pública.

Fotografías: Miguel Cobos
Fotografías: Miguel Cobos

El proyecto fue concebido por el Laboratorio Regional de Arquitectura en colaboración con TALLER Mauricio Rocha y Samuele Xompero, junto a un equipo multidisciplinario que entendió el museo como una infraestructura cultural antes que como un objeto aislado. Con una superficie de 1,150 metros cuadrados, el edificio articula un programa expositivo y pedagógico dedicado a explicar el proceso de transformación del cacao en chocolate, desde su origen agrícola hasta su dimensión cultural contemporánea.

La arquitectura conserva una relación directa con la memoria del lugar. Retoma la huella formal de su antecesor sin replicarla, y la reorganiza a partir de un lenguaje constructivo austero y preciso. El concreto armado pigmentado en rojo domina la estructura y remite tanto a la tierra como al trabajo físico. Celosías, pisos de barro, cristal y herrería completan una paleta que se mantiene cercana a los materiales cotidianos del entorno tabasqueño.

Fotografías: Miguel Cobos
Fotografías: Miguel Cobos

El recorrido interior propone una lectura corporal. Las salas expositivas presentan la historia del cacao y su impacto en la región, mientras que el área de talleres incorpora maquinaria de molienda, tostado y descascarillado que permite observar los procesos productivos en tiempo real. El museo se activa como espacio de transmisión de saberes, donde la técnica y la tradición conviven sin jerarquías.

La integración con el contexto natural es una decisión estructural. Vegetación endémica de la ribera del Grijalva acompaña el edificio y establece una continuidad entre el paisaje fluvial y el espacio construido. El sistema de losas con vigas de madera y tablones, apoyadas sobre una estructura de acero pintado, genera una gran cubierta ligera a dos aguas que favorece la ventilación y la apertura, reforzando la condición pública del proyecto.

Fotografías: Miguel Cobos

La Cacaotera opera como una pieza de infraestructura cultural que reconoce al cacao como materia prima, archivo histórico y elemento identitario. En un estado donde la producción cacaotera sigue marcando la vida cotidiana, el museo ofrece un espacio para comprender, recorrer y sostener esa historia desde el presente.


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