Helmut Newton – 1993.

Carolina Chávez

La obra de Helmut Newton se reconoce de inmediato. Una sintaxis visual precisa donde el cuerpo, el espacio y la mirada construyen tensión. Sus fotografías colocan la moda en una escena cargada de intención. Ahí, la mujer aparece como figura central, consciente de su presencia, dueña del encuadre, habitando una narrativa donde el poder circula de forma explícita.

Desde muy temprano, Newton desarrolló una relación intensa con la imagen. Nacido en Berlín en 1920, en el seno de una familia judía, su formación ocurrió en un contexto atravesado por la modernidad, la experimentación y, más tarde, la violencia política. Tras abandonar Alemania, su recorrido lo llevó a Singapur y posteriormente a Australia, donde consolidó su práctica profesional. Ese tránsito geográfico se reflejó en una mirada cosmopolita, atenta a los códigos culturales y a sus fisuras.

Foto: David Lynch e Isabella Rossellini – 1988.

La fotografía de moda se convirtió en su campo de acción. En ella encontró un espacio para articular obsesiones personales y comentarios sociales. Tacones altos, interiores burgueses, puertas entreabiertas, cuerpos en tensión y gestos calculados aparecen de manera recurrente. Cada elemento funciona como signo. La moda se desplaza hacia un territorio narrativo donde el deseo, la ironía y la teatralidad conviven.

Desde sus colaboraciones con ediciones europeas, Newton empujó los límites editoriales de diferentes y prestigiosas revistas, proponiendo imágenes que alteraban la lectura tradicional de la moda. El vestuario dialogaba con situaciones cargadas de ambigüedad, transformando la página impresa en un espacio de provocación visual y reflexión cultural.

“Heather Looking Through a Keyhole” – Helmut Newton, 1994.
La fotografía icónica de Elsa Peretti en disfraz de conejita de Playboy, diseñada por Halston. Helmut Newton, 1975. La sesión tuvo lugar en la terraza del apartamento de Peretti en NY.

El diseñador Christian Louboutin, amigo cercano y colaborador frecuente, ha señalado cómo la fascinación de Newton por la escena fetichista del Berlín previo a la guerra alimentó su interés por la figura femenina dominante. Esa presencia se manifiesta en mujeres que ocupan el centro de la imagen con autoridad. Modelos que han trabajado con él describen la experiencia como un proceso de afirmación, donde el cuerpo se convierte en lenguaje y postura.

Más allá de la controversia, la obra de Newton permanece activa por su capacidad de incomodar y seducir al mismo tiempo. Sus fotografías son espejos culturales que revelan tensiones persistentes alrededor del género, el poder y la representación. En ese gesto reside su vigencia.


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