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Carolina Chávez

En el mundo existen cerca de 1400 especies de cactáceas. México alberga 669 de ellas y 518 son endémicas. Esa diversidad convierte al país en uno de los territorios más importantes para el estudio de estas plantas adaptadas a los climas más extremos. Buena parte de ese conocimiento científico se consolidó gracias al trabajo de la doctora Helia Bravo Hollis, figura central de la botánica mexicana.

Nacida en la Ciudad de México en 1901, Bravo Hollis desarrolló desde joven una curiosidad persistente por la naturaleza. Su formación comenzó en un momento en que la biología aún no existía como carrera universitaria en el país. Inicialmente se inscribió en medicina, aunque el rumbo de su vida cambió cuando la Universidad Nacional Autónoma de México abrió la licenciatura en Biología. Bravo Hollis se convirtió en la primera mujer mexicana en obtener ese título.

Su trabajo se concentró en el estudio de la florística y la taxonomía de las cactáceas. Durante décadas recorrió desiertos, sierras y zonas áridas de México con un método riguroso de observación y registro. Aquellos paisajes ásperos se transformaron en un vastocampo de investigación que permitió describir y clasificar una parte esencial de la flora del país.

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En el ámbito académico fue conocida con afecto como la “maestra Bravo” , reconocimiento que sintetizaba su influencia en la formación de nuevas generaciones de botánicos. A lo largo de su trayectoria describió cerca de sesenta especies y publicó más de ciento cincuenta trabajos científicos y de divulgación. Sus investigaciones establecieron bases sólidas para el estudio sistemático de las cactáceas en México y posicionaron al país en el mapa internacional de la botánica.

Su figura también abrió camino para la participación de mujeres en la investigación científica y en la enseñanza universitaria. En una época donde los espacios académicos eran mayoritariamente masculinos, Bravo Hollis sostuvo una presencia firme en laboratorios, expediciones de campo y aulas universitarias.

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En los últimos años de su vida desarrolló otra forma de memoria. Comenzó a pintar paisajes que evocaban las caminatas realizadas junto a su padre en la infancia, escenas de vegetación abierta y horizontes luminosos que condensaban décadas de observación del territorio.

La cantante Liliana Felipe evocó su legado en la canción Las suculentas, donde aparece un verso dedicado a la científica que celebra la vitalidad de estas plantas y la paciencia de quien aprende a mirarlas.

Helia Bravo Hollis murió en el año 2001, apenas cuatro días antes de cumplir cien años. Su. legado permanece ligado a los desiertos, a las montañas secas y a la extraordinaria diversidad vegetal de México, un territorio que ella recorrió con disciplina científica y una profunda fascinación por la vida que resiste en condiciones extremas.


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