Foto cortesía de la marca


Redacción T Magazine México

La primera fila ofrecía una lectura inmediata del momento que vive Fendi. Uma Thurman, Dakota Fanning, Shailene Woodley y Jessica Alba ocupaban su lugar junto a la cantante Jessie Murph y la DJ Kitty Cash. Desde Asia aparecían Bang Chan y Tang Yan. Monica Bellucci y Valeria Golino aportaban una presencia ligada al cine italiano contemporáneo. La escena reunía industria cultural, música y cine alrededor del debut de Maria Grazia Chiuri al frente de la casa romana.

La colección introduce una dirección que insiste en la noción de comunidad dentro de la moda actual. Chiuri recupera una memoria interna de la casa fundada por las hermanas Fendi, donde el trabajo compartido ocupa un lugar central en la construcción del lenguaje estético. La ropa se organiza alrededor del cuerpo con una lógica abierta. Prendas femeninas y masculinas circulan en el mismo plano. La pasarela propone un sistema de afinidades donde identidad personal y experiencia colectiva conviven dentro de la misma estructura narrativa.

Foto cortesía de la marca
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En esta primera propuesta el deseo regresa al centro de la silueta. El diseño mantiene una relación directa con la persona que viste la prenda. Chiuri plantea una lectura de la moda donde la memoria artesanal de la casa permanece activa y donde el presente exige otra forma de cooperación dentro del sistema creativo.

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La pasarela incorpora además una dimensión artística ligada al Archivio Mirella Bentivoglio y a la artista SAGG Napoli. Signos, frases y objetos circulan dentro del espacio escénico. El lenguaje adquiere presencia material y acompaña la colección como una corriente paralela de pensamiento visual.

Joyas concebidas como piezas de escritura portátil conviven con prendas que plantean una relación consciente entre pertenencia y autonomía. La colección instala una idea de complicidad femenina que evita el discurso enfático y privilegia la colaboración práctica. Dentro de un sistema global que tiende hacia la uniformidad, Fendi abre una conversación donde identidad, memoria y oficio permanecen activos dentro del acto de vestir.


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