Febrero de 2026 abre la conversación anual en torno al amor con una campaña que busca reposicionar el gesto afectivo lejos del automatismo. Pandora presenta su nueva colección de San Valentín bajo la premisa Unlock Love, una narrativa que propone pensar el vínculo como algo que se construye, se cuida y se interpreta desde la experiencia individual. La campaña se despliega en un contexto saturado de símbolos románticos, donde insistir en el sentido se vuelve casi un acto de resistencia.
La colección introduce llaves y candados dentro de las líneas Pandora Moments y Pandora Timeless, piezas que remiten a la apertura, la confianza y la posibilidad. No se trata de una iconografía nueva, pero sí de una relectura que pone el acento en la apropiación personal. Cada objeto es un recordatorio portátil de decisiones emocionales, recorridos propios y afectos que no responden a una sola forma de ser nombrados.

La campaña se acompaña de la participación de Danna como embajadora en México, una figura que encarna una generación acostumbrada a narrar su identidad desde múltiples registros. Su presencia opera como extensión de una narrativa que entiende el amor como algo plural, cambiante y atravesado por la biografía.

En paralelo, los corazones vuelven a ocupar un lugar central, ahora trabajados desde distintas escalas y cortes. Collares con piedras de tres cortes brillantes, charms de menor formato y piezas grabables insisten en la personalización como eje. El gesto se vuelve memoria cuando admite palabras, dibujos o imágenes que anclan la joya a una historia específica.

La colección amplía también su línea de diamantes creados en laboratorio dentro de Pandora Era, junto con piezas en oro macizo de 14 quilates pensadas para el uso cotidiano. La elección de materiales reciclados y procesos responsables acompaña una narrativa donde el valor ya no se mide solo en permanencia física, sino en coherencia ética.

Disponible a partir del 8 de enero en tiendas y plataformas digitales, la colección de San Valentín 2026 propone detenerse en el gesto y devolverle espesor simbólico. En un calendario dominado por fechas con mandato emocional, el amor aparece como signo abierto, susceptible de ser leído y vivido desde lo propio.