Foto: cortesía de la marca

Carolina Chávez

El Jardín de las Tullerías ocupa un lugar singular en la memoria urbana de París. Diseñado originalmente para Catalina de Médici y transformado más tarde bajo el impulso de Luis XIV, este espacio público ha sido durante siglos un lugar de tránsito, observación y representación social. En ese escenario cargado de historia, Dior presentó su colección ready-to-wear Otoño-Invierno 2026-2027.

El desfile retoma la idea del paseo como experiencia teatral. Desde el siglo XVII, caminar por las Tullerías implicaba una forma de presencia pública. Los visitantes debían vestir habit décent, una indumentaria adecuada a su posición social. La ropa funcionaba entonces como señal visible de identidad, rango y pertenencia.

Foto: cortesía de la marca
Foto: cortesía de la marca

La propuesta escenográfica del desfile recupera esa tradición de visibilidad. La Grande Allée, eje central del jardín, aparece evocada como un corredor de miradas. En ese espacio simbólico, cada figura atraviesa el paisaje con una actitud distinta. La ciudad se condensa en ese tránsito breve donde cuerpos, textiles y gestos producen una coreografía espontánea.

Foto: cortesía de la marca

La colección se inspira en esa dinámica urbana donde las personas aparecen ante los demás con una mezcla de conciencia y casualidad. Cada conjunto propone una presencia, una postura frente al espacio público. La ropa adquiere entonces una dimensión performativa que recuerda las escenas descritas por Charles Baudelaire en su poema À une passante, donde un encuentro fugaz condensa la intensidad de la vida moderna.

Foto: cortesía de la marca

La escenografía refuerza ese juego entre naturaleza y artificio. Dentro del propio jardín surge una recreación del parque, una arquitectura efímera que duplica el paisaje real. Flores que brotan en medio del frío, superficies de agua donde flotan lirios artificiales, un entorno donde lo tangible se mezcla con lo imaginado.

El resultado es un desfile que observa el gesto cotidiano de caminar por la ciudad y lo transforma en una escena de moda. En las Tullerías, la tradición parisina del paseo adquiere una nueva lectura donde el vestuario vuelve a convertirse en lenguaje visible de identidad, deseo y presencia.


TE RECOMENDAMOS