Foto: Paul Henri et Bertrand Chauveau.

La cocina también viaja cuando decide detenerse; la colaboración entre Le Cornichon y Cedilha Bar activa una escena precisa. Una mesa compartida en Río de Janeiro donde las recetas se desplazan sin perder carácter y donde el intercambio sucede desde el oficio.

Foto: cortesía de Le Cornichon.
Foto: cortesía de Le Cornichon.

Le Cornichon llega con una tradición parisina que privilegia el producto, la técnica y el ritmo del servicio. Cedilha Bar aporta una lectura brasileña directa, corporal, marcada por el pulso nocturno y por una relación franca con el comensal. El encuentro se construye desde esa convivencia. Platos que reconocen su origen y aceptan la fricción del contexto. Preparaciones que ajustan temperatura, textura y tempo al clima de la ciudad.

La colaboración se desarrolla durante una sola noche y evita el formato espectacular; no hay traducciones forzadas ni discursos explicativos. La cocina opera como un lenguaje compartido donde cada parte conserva su acento. El resultado se percibe en la mesa, en la cadencia del servicio y en la manera en que los sabores se ordenan sin jerarquías evidentes.

Foto: Felix Dol Maillot.

Este tipo de cruces confirma una tendencia clara en la escena gastronómica contemporánea. Las alianzas funcionan como espacios de prueba, de escucha y de observación mutua. Importa el proceso, la afinidad y la decisión de trabajar con atención. La experiencia se vuelve relevante por lo que sucede en el momento y por la memoria que deja.


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