Foto: Jhovani Morales


Redacción T Magazine México

En enero de 2021, Thalía Barrios inició La Cocina de Humo como un espacio de uso personal. La imposibilidad de regresar a su pueblo, San Mateo Yucutindoó, marcó el punto de partida. La cocina se estableció como lugar de continuidad, un sitio donde los gestos aprendidos en comunidad permanecen activos.

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El proyecto se abrió de manera gradual a otras personas. Las experiencias surgieron desde la práctica cotidiana, sin mediaciones externas. Cada preparación activa una memoria concreta, ligada a ingredientes, tiempos y formas de trabajo que se sostienen en distintas regiones de Oaxaca.

Foto: Jhovani Morales
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La Cocina de Humo organiza un espacio donde la alimentación se vincula con el conocimiento. Los ingredientes provienen de contextos específicos, cargan historia, se integran en procesos que respetan su origen. La cocina se despliega como práctica viva, con una relación directa entre quien prepara y quien recibe.

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En este proyecto, la transmisión ocupa un lugar central. Cada encuentro permite compartir una cultura alimentaria que se mantiene vigente fuera de los circuitos urbanos. El acto de cocinar se convierte en registro, en continuidad y en una forma de permanencia. La propuesta de Thalía Barrios se sostiene en ese vínculo, la cocina permanece como un espacio donde la memoria se transforma y se comparte en presente.


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