En uno de los barrios con mayor densidad histórica de Mérida, donde los rieles del antiguo ferrocarril aún sobreviven como memoria urbana, CIGNO Mejorada abre sus puertas dentro de una casona patrimonial que recupera la vida cotidiana del centro sin convertirla en espectáculo. La experiencia comienza al cruzar el zaguán. El ruido de la ciudad queda atrás y aparece un ritmo distinto, marcado por patios hondos, corredores en penumbra y una relación constante con la luz y el clima.

Foto: cortesía de CIGNO

El proyecto arquitectónico, a cargo de Roger Escalante, conserva las proporciones originales de la casa protegida por el INAH y suma nuevas estructuras de líneas serenas que envuelven el jardín. Muros de chukum, maderas tropicales, pisos de pasta y piedra construyen espacios frescos, pensados para caminar descalzo, detenerse y observar cómo el día avanza sin prisa. La arquitectura sostiene una forma de habitar donde interior y exterior se continúan sin interrupciones.

Foto: cortesía de CIGNO

El interiorismo de Stacy Echeverría profundiza esa lectura desde una paleta contenida de beige y negro. El petatillo aparece en muros y celosías. El mobiliario hecho a medida ocupa nichos y rincones. La luz cálida insiste en lo íntimo. El lujo se percibe en una banca de piedra a la sombra, en una silla frente a la ventana durante la lluvia, en libros sobre Yucatán que esperan ser abiertos antes de dormir.

Foto: cortesía de CIGNO

Las 22 habitaciones se distribuyen entre la casona original y los nuevos volúmenes. Algunas conservan pisos antiguos y vigas restauradas. Otras se abren a espacios más reservados con albercas privadas, hamacas y vegetación abundante. Cuatro piscinas repartidas en distintos puntos del conjunto ofrecen maneras diversas de vivir el agua a lo largo del día. Cada estancia propone una forma distinta de quedarse en la ciudad, con la vida cultural del centro a unos pasos y el silencio como contrapunto.

Foto: cortesía de CIGNO

La cocina acompaña esa experiencia desde la mañana. Café, pan tibio, frutas y hierbas del sur marcan desayunos que se alargan. Al caer la tarde, Cocina Vidente, bajo la guía del chef Daniel Ron, ofrece una lectura contemporánea de los sabores yucatecos, atenta a la temporalidad y a la procedencia de los ingredientes. Los vinos y cocteles prolongan la sobremesa y refuerzan la sensación de pausa.

Foto: cortesía de CIGNO

El hotel integra además un proyecto curatorial que reúne arte y artesanía de la región. La herrería de Fabricio Van de Broek aparece en barandales y detalles. Las piezas de José Gómez, la alfarería tradicional, los pisos de Ticul y una selección editorial construyen un archivo vivo del lugar. Los objetos se integran con naturalidad, como si siempre hubieran estado ahí.

CIGNO Mejorada se presenta como una casa serena desde la cual descubrir Mérida desde adentro. Un refugio urbano donde la arquitectura, la hospitalidad y el tiempo compartido sostienen una forma de estar que privilegia la quietud y la atención.


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