Nació rodeado de campos en Sinaloa, estudió administración en Boston y fotografía en San Diego, vivió seis años en Ciudad de México y volvió a Culiacán con una pregunta íntima atravesándole el oficio, cómo contar lo humano cuando la imagen ya no necesita una cámara para existir. En esta conversación, el artista habla del campo como escuela de paciencia, de la IA como herramienta de introspección, del error como motor creativo y de una identidad que se sostiene con honestidad, incluso cuando la tecnología cambia cada semana.