En Pinocho y Frankenstein, Guillermo del Toro revela que los verdaderos monstruos somos nosotros. Su nueva adaptación del clásico de Shelley explora la herida entre padres e hijos y el poder del amor imperfecto. Para Del Toro, el romanticismo fue la rebeldía de su tiempo, y su película es también un reflejo personal. “Mi padre fue el peor jefe que he tenido… pero me enseñó ética y disciplina”, admite.