Nacidos en Japón y reescritos por la moda europea, los tabi cruzaron siglos, geografías y usos hasta instalarse en la estética contemporánea como un signo silencioso de identidad, cuerpo y disidencia visual. Su llegada al universo de Maison Margiela consolidó una forma de vestir que ya existía, la afinó y la volvió lenguaje.