
Carolina Chávez
Carlos Reygadas nació en Ciudad de México en 1971 y llegó al cine desde un lugar poco común. Estudió Derecho y trabajó en organismos internacionales antes de decidirse por la imagen en movimiento. Ese desvío inicial explica parte de su mirada. En su cine no hay prisa por agradar ni por resolver. Hay una insistencia en observar, en sostener la escena hasta que algo se revele por desgaste, por acumulación, por presencia.
Su debut, Japón, estrenado en 2002 y presentado en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, marcó un punto de inflexión para el cine mexicano del siglo XXI. La película introdujo una relación distinta con el paisaje, el silencio y el cuerpo, alejándose de la narrativa clásica para proponer una experiencia física y moral. Desde entonces, Reygadas se consolidó como una de las voces más singulares del cine de autor internacional.
Con Batalla en el cielo en 2005, volvió a Cannes y colocó el deseo, la culpa y la violencia en el centro del encuadre. El filme desató debates intensos por su tratamiento frontal de la sexualidad y por la elección de actores no profesionales. Esa decisión se convertiría en una constante. Reygadas trabaja con cuerpos reales, con presencias que no buscan representar sino existir frente a la cámara.

En 2007 dirigió Luz silenciosa, rodada en lengua plautdietsch y situada en una comunidad menonita del norte de México. La película ganó el Premio del Jurado en Cannes y confirmó la dimensión espiritual de su cine. El tiempo se dilata, la luz se vuelve materia narrativa y el conflicto íntimo adquiere una gravedad casi litúrgica. La película circuló ampliamente en festivales y se estudia hoy como una de las obras clave del cine contemporáneo.
Su reconocimiento institucional llegó en 2012 con Post Tenebras Lux, que le valió el premio a Mejor Director en Cannes. El filme profundizó en una estructura fragmentaria, onírica y sensorial, donde la infancia, el campo y la vida doméstica se entrelazan con imágenes de fuerte carga simbólica. Reygadas asumió el riesgo formal sin concesiones, consolidando una obra que no busca consenso.
En 2018 presentó Nuestro tiempo, una película de casi tres horas donde el director actúa junto a Natalia López, su entonces pareja. El filme aborda la intimidad, los pactos afectivos y la fragilidad del ego masculino desde un espacio rural que funciona como extensión emocional. La crítica internacional reconoció su ambición formal y su honestidad, aunque también señaló la incomodidad que produce su exposición directa.
Más allá de su filmografía, Reygadas ha tenido un papel activo en la producción de cine independiente en México. Fundó Mantarraya Producciones junto a Jaime Romandía, desde donde ha impulsado proyectos de cineastas como Amat Escalante, quien ganó el premio a Mejor Director en Cannes en 2013 con Heli. Esa labor ha sido fundamental para sostener una escena autoral con proyección internacional.
El cine de Carlos Reygadas exige atención y tiempo. No ofrece respuestas rápidas ni relatos cerrados. Su apuesta reside en la experiencia, en la duración y en la tensión entre lo visible y lo invisible. En un contexto dominado por la velocidad y la estandarización de la imagen, su obra insiste en otra forma de mirar y de permanecer.