Foto: cortesía del proyecto


Redacción T Magazine México

En un momento donde la saturación de estímulos ha vuelto difusa la experiencia sensible, la pregunta por el cuerpo y su capacidad de registro adquiere una nueva urgencia. ANHEDONIA, la performance de Sofía Tormenta en colaboración con Rafael Durand, se sitúa en ese punto, como un ejercicio que no busca representar la emoción, sino activarla desde su raíz material.

El punto de partida es preciso. La anhedonia, entendida como la incapacidad de experimentar placer, se toma como condición inicial para proponer un desplazamiento. La pieza introduce un proceso donde el cuerpo reaprende a sentir a través del contacto, la repetición y la atención.

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En escena, láminas de acero amplificadas funcionan como superficie activa. Cada impacto genera una vibración que se traduce en sonido y deja una huella física. El gesto no se disuelve. Se registra. La acumulación construye una partitura donde intensidad, frecuencia y duración organizan la experiencia.

El sonido no aparece como acompañamiento. Se vuelve estructura. El oído identifica variaciones, el cuerpo percibe resistencia y temperatura, la vista sigue la transformación de la materia. Los sentidos operan de manera simultánea, en un sistema donde la percepción se ajusta en tiempo real.

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La pieza incorpora una dimensión que desplaza la experiencia hacia el gusto. Una cata de caviar Kaviari, acompañada por tequila Adicciōn, introduce una capa donde la percepción se traslada al paladar. Textura, salinidad, temperatura y persistencia se convierten en variables que amplían la lectura del cuerpo. La degustación no funciona como complemento. Se integra como una extensión del sistema sensorial propuesto .

Desde una perspectiva técnica, la obra dialoga con principios de la psicofísica. La relación entre estímulo y percepción se presenta como una estructura variable. La repetición modifica la intensidad, el contexto altera la lectura, la atención redefine la experiencia. Un mismo gesto produce registros distintos.

Foto: cortesía del proyecto
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La intervención culinaria, a cargo de la chef Elena Sors, se alinea con esta lógica. La preparación del caviar se plantea desde una lectura contenida, donde cada elemento responde a una intención precisa. El paladar se convierte en un espacio de observación.

ANHEDONIA no plantea una suma de disciplinas. Propone un sistema. Ver, escuchar, tocar y degustar operan como herramientas de conocimiento. La experiencia se construye desde el cruce de estos registros y desde la posibilidad de reactivar la sensibilidad.

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En ese proceso, la obra introduce una pausa necesaria. El cuerpo se vuelve consciente de su propia capacidad de percibir. Cada estímulo deja de ser inmediato. Se sostiene, se reconoce, se transforma. La experiencia se vuelve presente. Reaprender a sentir implica tiempo, atención y disposición. ANHEDONIA abre ese espacio. Lo hace desde la materia, desde el sonido y desde el cuerpo, como si cada gesto buscara recuperar algo que aún permanece, aunque haya dejado de nombrarse.


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