
Redacción T México
Implantar una casa sobre una ladera rocosa de cuarenta grados exige algo más que resolver un problema estructural… En Casa Diez Pies, ubicada en Mazunte, Oaxaca, el terreno deja de ser una condición que debe corregirse para convertirse en el elemento que organiza cada decisión del proyecto. Diseñada por STUDIO FONT, la vivienda se despliega siguiendo la inclinación natural del sitio, a unos cincuenta metros sobre la playa Rinconcito y con vistas permanentes hacia el océano Pacífico y Punta Cometa.


La casa parte de una operación clave, un único módulo se repite cuatro veces y se desplaza progresivamente en planta y sección, permitiendo que la arquitectura se adapte a la topografía existente sin modificarla de manera agresiva. Ese sistema genera una secuencia de plataformas escalonadas que acompañan el descenso del terreno y construyen distintas formas de habitar en el paisaje.


Los espacios comunes ocupan los niveles superiores, donde terrazas, pérgolas y una alberca elevada se orientan hacia el horizonte del Pacífico. La arquitectura permanece abierta al viento, a las copas de los árboles y a la presencia constante de Punta Cometa, estableciendo una relación continua entre interior y exterior.
Uno de los aspectos más singulares del proyecto reside en su sistema estructural. Diez soportes de hormigón elevan la vivienda sobre el terreno y concentran simultáneamente carga y programa. En su interior albergan baños, duchas, armarios, cuartos de servicio y almacenamiento, son al mismo tiempo cimentación, núcleo técnico y conexión entre los distintos niveles. La estructura se convierte en la organización misma de la casa.

La decisión de elevar la construcción responde también a las condiciones físicas del sitio. El terreno, compuesto prácticamente en su totalidad por roca, obligó a realizar la obra de manera manual, reduciendo excavaciones y preservando tanto el drenaje natural como la mayor cantidad posible de vegetación existente. En algunos puntos, los árboles atraviesan directamente la arquitectura, integrándose a la configuración espacial del proyecto.

La materialidad acompaña esa lógica de integración. El hormigón pigmentado adopta los tonos del terreno, mientras que la madera asume un papel estructural en cubiertas y pérgolas, aportando sombra, ligereza y calidez frente a la masa mineral del concreto. El resultado evita el contraste con el paisaje y privilegia una presencia contenida que parece surgir de la propia ladera.
La construcción evolucionó conforme avanzaba la obra, ajustándose a las condiciones reales del terreno, a ciclones, lluvias y variaciones topográficas que obligaron a adaptar continuamente el proyecto ejecutivo. Esa capacidad de transformación forma parte de una arquitectura concebida para trabajar con el lugar y no contra él.
Casa Diez Pies propone una forma de ocupación que reconoce las condiciones geográficas, climáticas y sociales de Mazunte. La vivienda reutiliza infraestructura existente para el almacenamiento de agua, incorpora un biodigestor para el tratamiento de aguas residuales y fue construida en estrecha colaboración con mano de obra y proveedores locales.