Ilustración de The Mark Hotel, de Jean-Philippe Delhomme.

Carlos Semprún

En una ciudad que se transforma y reinventa prácticamente cada minuto, encontrar un hotel con un siglo de antigüedad es un hecho excepcional. The Mark, en pleno Upper East Side de Manhattan, es un buen ejemplo. Proyectado en plenos años veinte en la esquina de las calles 77 y Madison, el hotel se convirtió desde su fundación en uno de los epicentros socioculturales de uno de los barrios más emblemáticos de Nueva York, a una distancia caminable de museos como el Metropolitan o la colección Frick. Con la publicación de The Mark, del periodista y escritor Derek Blasberg, la editorial Assouline quiere rendir homenaje a ese legado.

The Mark Bar.

El libro ofrece una mirada a las entrañas de un hotel que ha marcado buena parte de la vida de ese lado de Manhattan, influyendo tanto en el interiorismo, como en la moda, la gastronomía o la hospitalidad. Un edificio de 16 plantas construido en los albores del siglo XX en cuyo interior, sin embargo, nos encontramos ante la vanguardia del siglo XXI y que desde 2009 es uno de los preferidos para las celebridades invitadas en la MET Gala, celebrada a escasas cuadras del hotel. Donatella Versace, Anna Wintour, Nicole Kidman, Gisele Bündchen, Serena Williams, Gigi Hadid o Anne Hathaway, entre muchas otras, han partido en alguna ocasión desde el lobby del hotel rumbo a la ya legendaria gala.

Aunque permanecen el estilo neorrenacentista y el ladrillo rojo tan característico de la arquitectura neoyorquina del siglo XX, el interior de The Mark fue completamente remodelado en 2005, cuando el interiorista francés Jacques Grange, que ya había trabajado para clientes como Yves Saint Laurent y Pierre Bergé, la princesa Carolina de Mónaco, Paloma Picasso o Valentino, tomó las riendas de una nueva dirección artística mucho más contemporánea. En ese proceso de cambio, además, participaron nombres como Karl Lagerfeld, engargado del diseño de algunos muebles, Paul Mathieu o Mattia Bonetti.

Anna Wintour.

“The Mark es un ecosistema creativo moldeado por el diseño, la cultura y las personas que lo habitan. La creación del libro Assouline refleja esa evolución, capturando los momentos, las personalidades y los puntos de vista que han convertido a The Mark en una institución en el mundo de la hostelería y el estilo a nivel mundial”, declaraba Izak Senbahar, copropietario del establecimiento, para quien el libro “es una historia de amor”. “Grange aportó su toque refinado y ecléctico a cada rincón de la propiedad. Preservó la esencia art déco del hotel, a la vez que infundió al espacio una modernidad alegre, creando espacios que se sienten a la vez majestuosos y acogedores. Los impactantes suelos de mármol con rayas blancas y negras del vestíbulo, combinados con muebles a medida e iluminación caprichosa, evocan una fusión de sofisticación parisina y energía neoyorquina. En las habitaciones, seleccionó una combinación de piezas de mediados de siglo, diseños personalizados y arte moderno audaz, garantizando que cada espacio se sienta como una residencia privada”, continuaba Senbahar.

La obsesión por la mixología y la gastronomía, señas de identidad de The Mark, se mantienen inalterables a pesar de los cambios. The Mark Bar, una institución neoyorquina, fue rediseñado por Guy de Rougemont con mobiliario de Vladimir Kagan, mientras que The Mark Restaurant presenta una cocina internacional, con la excelencia del producto como protagonista, dirigida por el chef Jean-Georges Vongerichten. Otra de las propuestas de The Mark es Caviar Kaspian, una mezcla de bistró francés y restaurante moscovita con una carta amplia y creativa en la que podemos encontrar una amplísima oferta de huevas de esturión que dialogan con ingredientes como la langosta, el salmón, el foie o el jamón ibérico.

El chef Jean-Georges Vongerichten en el puesto de hotdogs del hotel.

La renovación llevada a cabo durante la primera década de este siglo también dio lugar a la construcción de una de las suites más grandes de América, un enorme penthouse de 930 metros cuadrados (230 metros cuadrados de terraza) que incluye cuatro chimeneas. Además, The Mark pone a disposición de sus clientes paseos en velero por el Hudson (el hotel es propietario de una embarcación de 21 metros diseñada por Herreshoff); su emblemático Bergdorf Goodman Express, un bicitaxi ideal para desplazarse a través del cercano Central Park; y un salón del estilista Frédérik Fekkai ubicado en la segunda planta al que se accede por un pasillo decorado con ilustraciones de Jean-Philippe Delhomme, creador que firma la portada del libro de Assouline. El objetivo es la hospitalidad elegante y así lo confirma el motto de su equipo de concierge: “No importa cuál es tu pregunta. Nuestra respuesta es siempre sí”.


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