
Redacción T Magazine México
El color deja de ser una superficie para convertirse en un campo de pensamiento. En Proposiciones atemporales sobre el color, la colaboración entre Mughal y Raúl de la Cerda propone una lectura donde lo cromático se percibe desde el cuerpo, desde la cercanía con los materiales y desde una intuición.
La colección se sostiene sobre la idea de que los colores puros no existen. Esta afirmación abre un territorio donde cada tono depende de su entorno, de la luz que lo toca y de la mirada que lo interpreta. La referencia a Ludwig Wittgenstein se filtra en la estructura misma del proyecto, donde el color se vuelve relación, nunca entidad aislada.


En este desplazamiento, el lenguaje visual dialoga con la tradición moderna mexicana, aquella que encontró en la arquitectura y en las artes una forma de pensar el país desde la síntesis. Aquí esa herencia se actualiza a través de textiles de alta gama, donde la técnica artesanal sostiene una exploración contemporánea. Cada pieza guarda una tensión sutil entre precisión y desborde, entre estructura y vibración.
La colaboración entre Mughal y De la Cerda se percibe en la manera en que el gesto artístico encuentra una traducción tangible. Los tapetes, elaborados mediante procesos manuales en talleres de India, conservan la huella del tiempo y del oficio. La materia se presenta con su peso, su textura, su memoria.


Hay en esta colección una insistencia en mirar el color como experiencia cultural. Reside en lo visible, habita en la forma en que se recuerda, en cómo se atraviesa el espacio cotidiano, en los ritmos de la vida doméstica. Desde ahí, cada pieza se ofrece tanto para el uso como para la contemplación, con una presencia que transforma el entorno sin imponerse.
El trabajo de Raúl de la Cerda refuerza esta lectura. Su trayectoria ha mantenido una relación constante con los materiales en su estado esencial, con una sensibilidad que privilegia la honestidad de la forma. En esta colección, esa mirada se traduce en una construcción cromática que abre los sentidos}

Mughal, por su parte, consolida una práctica donde la tradición artesanal y el diseño contemporáneo conviven con rigor. Su experiencia en la producción de tapetes hechos a mano se reconoce en la precisión de cada pieza, en la consistencia de sus procesos y en una visión que entiende el objeto como parte de un ecosistema cultural más amplio.