La trayectoria de Michele se despliega como una acumulación de oficios, ciudades y saberes manuales. Originaria de Nueva York, estudió arte en la universidad y desde entonces ha sostenido una vida atravesada por la práctica creativa. Pintura decorativa, diseño de pasteles, repostería de autor en Londres. Cada etapa dejó un rastro de técnica y sensibilidad que más tarde encontraría una síntesis inesperada.
Fue en Cracovia, Polonia, donde la cerámica apareció como un punto de inflexión. Un material que no solo ofrecía forma, sino tiempo, peso y resistencia. Diez años atrás abrió su primer estudio en Venecia, y hoy trabaja desde Bassano del Grappa, una ciudad donde la tradición artesanal dialoga de manera natural con una práctica contemporánea atenta al detalle y al ritmo lento del hacer.

Su serie más reciente, Botanically Incorrect, surge de una observación concreta. La manera en que lo verde transforma un espacio, incluso cuando ya no está vivo. Viajar constantemente y aceptar una relación distante con el cuidado de las plantas la llevó a trabajar con macetas vacías como punto de partida. Desde ahí, Michele construye una colección escultórica que evoca lo orgánico sin reproducirlo literalmente.

Las piezas son presencias estables. Objetos que sugieren hojas, tallos y volúmenes vegetales, pero que se sostienen desde la cerámica como materia duradera. No hay intención decorativa en el sentido convencional. En Botanically Incorrect, lo botánico se desplaza hacia una forma pensada, casi arquitectónica. La cerámica se vuelve un lenguaje para hablar de permanencia, de cuidado sin fragilidad, de una naturaleza que acompaña. Michele propone así una idea de hogar donde el objeto activa atmósfera, memoria y calma, desde la solidez de lo hecho a mano.
