Foto cortesía de Oly.

Redacción T Magazine México

Hay restaurantes que se construyen desde la ambición y otros que se levantan desde un afecto íntimo. Oly pertenece a esta segunda categoría. No intenta impresionar, sino acompañar. No busca espectáculo, sino un tipo de belleza que se reconoce en el silencio de un comedor cálido, en la luz que cae sobre la cerámica hecha a mano, en la cercanía de un plato que sabe a hogar.

Nacido del encuentro entre un restaurantero, un arquitecto y un chef, Oly surgió como un deseo compartido: cocinar como se cocina en casa, pero con una sensibilidad contemporánea que entiende la cocina mediterránea como cultura. Su menú se articula como un recorrido por los rituales del sur de Europa, donde la comida es un lenguaje, un gesto de comunión y una forma de memoria.

La sopa fría de ajo blanco con uvas —una receta andaluza reinterpretada con sourdough y vinagre de una fábrica familiar en Reggio Emilia— resume esa intención: sutileza, profundidad y precisión. Los Capellini al limón amarillo, un plato aparentemente mínimo que despliega una construcción aromática compleja, hecha a partir de hojas, jugo y aceite de limón. En el postre, el soft serve de arroz con leche con toffee de earl grey confirma la vocación doméstica y elegante del lugar.

Foto cortesía de Oly.
Foto cortesía de Oly.
Foto cortesía de Oly.

Pero Oly es más que una cocina. Es un espacio que piensa su atmósfera como parte del relato. Las piezas de Mariana Valandrano, las pinturas de Josele T. Cesarman y la jardinería de María Kalach no funcionan como decoración, sino como una extensión del carácter del restaurante: un sitio contenido, íntimo, donde el arte convive con la comida como si siempre hubiera pertenecido ahí.

La crítica lo entendió rápido. Oly entró en las listas de los mejores restaurantes del año en 2025,según Time Out, se volvió un imprescindible para The Infatuation y apareció en publicaciones que rara vez coinciden entre sí. Ese consenso se explica por algo muy simple, su honestidad. En un momento en que la Ciudad de México vive una vorágine gastronómica, Oly apuesta por la calma, la precisión y la idea de que comer bien es, ante todo, una forma de estar juntos.


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