
Redacción T Magazine México
Le Clarence ocupa una mansión privada del siglo XIX en la Avenue Franklin D. Roosevelt. Desde su apertura en 2015, el restaurante se consolidó como una dirección relevante dentro del mapa gastronómico parisino, con dos estrellas Michelin obtenidas en su primer año y una presencia sostenida en los listados internacionales. Esa estabilidad, poco común en una escena marcada por la rotación constante, define el punto de partida de su segundo decenio.
La transición reciente no llega desde fuera. Andrea Capasso asumió la dirección culinaria tras seis años de trabajo interno, un ascenso progresivo que incluyó responsabilidades como chef de cuisine antes de convertirse en chef ejecutivo. Formado en ALMA y con experiencia junto a Riccardo Camanini en Italia, Capasso construyó su lenguaje desde la disciplina técnica y una relación minuciosa con el producto. Su cocina articula tierra y mar con exactitud, y sostiene una tensión constante entre claridad y profundidad.



El proyecto mantiene una lógica de continuidad que atraviesa sala, bodega y cocina. La hospitalidad queda en manos de Charles Weyland, formado en casas como el Ritz y Pierre Gagnaire, cuya lectura del servicio privilegia la atención precisa y la escucha activa. En paralelo, la cava reúne más de mil quinientas referencias y conserva un vínculo directo con Domaine Clarence Dillon, subrayando una relación histórica entre vino, cocina y patrimonio familiar.

Le Clarence avanza sin estridencias. Ajusta su oferta con menús de almuerzo renovados, mantiene experiencias de degustación y abre espacios para encuentros en su sótano abovedado y salones privados. La casa se reafirma como un lugar donde el tiempo se organiza alrededor del detalle.