
Redacción T Magazine México
El emocionante relanzamiento de The One se construye como una escena suspendida en el tiempo. Noche cerrada, lluvia persistente, interiores que remiten al cine italiano de los años setenta. La nueva campaña de Dolce & Gabbana apuesta por una narrativa visual intensa y emocional, dirigida por la mirada precisa de Mert Alas, donde el perfume deja de ser un objeto para convertirse en una historia.
En el centro aparece Madonna, figura que atraviesa generaciones y conserva una presencia magnética, afirmada, consciente de su poder simbólico. Su interpretación articula una feminidad segura, dueña de la escena, capaz de conducir el relato sin aspavientos. A su lado, el talentoso Alberto Guerra encarna un contrapunto físico que intensifica la tensión narrativa, construyendo una relación que se expresa a través de gestos, miradas y silencios.


La campaña se despliega como una secuencia cinematográfica. El deseo circula, se insinúa, avanza en capas. La ciudad observa desde afuera, la intimidad ocurre dentro. El perfume acompaña esa progresión emocional como un elemento invisible pero constante, presente en cada plano. La estética remite al neorealismo italiano, con una paleta cromática cálida y una puesta en escena que privilegia la cercanía y la densidad emocional.
Uno de los gestos más potentes de la campaña ocurre en el plano sonoro. Madonna interpreta La Bambola, canción emblemática de Patty Pravo, grabada especialmente para este proyecto y cantada en italiano. La elección amplifica la carga simbólica del relato y conecta la narrativa visual con una tradición cultural ligada a la emancipación femenina y la afirmación personal.

The One se presenta como un ejercicio de construcción de atmósfera. Una historia de atracción, juego y complicidad donde el deseo se articula desde la presencia, el ritmo y la mirada. Una mirada, de hecho, cautivadora.