
Lindsay Talbot
Bodegón por Mari Maeda y Yuji Oboshi
Podría decirse que Andy Warhol —quien acumuló cientos de piezas de joyería de baquelita y tarros de galletas de cerámica— era tan entusiasta coleccionando objetos, que conseguía en mercados de pulgas o en tiendas de antigüedades en Madison Avenue, como creando arte. Se dice que su casa de cuatro pisos en la calle East 66th estaba tan repleta de objetos y recuerdos que solo podía caminar por la cocina y la habitación. Entre sus piezas más preciadas estaban sus relojes: el pionero del pop art, que comenzó a comprarlos obsesivamente en la década de 1970, llegó a tener más de 300, incluyendo ocho ejemplares hechos a mano por Piaget. En 1979, le presentaron a Yves Piaget, bisnieto de Georges-Édouard Piaget, fundador en 1874 de la casa relojera suiza. Se volvió confidente de Yves, y la familia Piaget lo consideraba parte de su círculo íntimo; asistía con ellos a galas en Nueva York y Palm Beach, Florida. Cada Navidad, Yves le mandaba a Warhol chocolates suizos; el artista también conservaba esas cajas, y las usaba para guardar las tarjetas navideñas escritas a mano por Yves y las invitaciones a las fiestas de Piaget.
Recientemente, en colaboración con la Fundación Andy Warhol, Piaget lanzó una edición limitada del reloj Collage, concebida después de que la directora artística Stéphanie Sivrière y su equipo pasaran más de seis meses explorando los archivos, catálogos y exposiciones del artista. El nuevo reloj —una edición de 50 piezas— presenta una carátula con una marquetería de finas láminas de serpentina amarilla de Namibia, ópalo rosa y crisoprasa turquesa (que forman un patrón rectangular abstracto inspirado en las Polaroids de Warhol), además de una correa de piel verde oscura. Su caja de 45 milímetros, fundida en oro amarillo de 18 quilates, y la base de ónix negro remiten al diseño del reloj Piaget que usaba el propio artista en los años setenta, y el reverso lleva grabada una silueta inconfundible: la icónica peluca platino de Warhol.