Foto cortesía de Vigneron

Redacción T Magazine México

En una ciudad donde el vino ha dejado de ser tendencia para convertirse en lenguaje cotidiano, Vigneron ocupa un lugar singular. Fundado en noviembre de 2020 y ubicado en Jalapa 181, en la colonia Roma Norte, este wine bar apuesta por una idea fundamental, nos referimos a la experiencia vinícola como un ejercicio de atención, conversación y descubrimiento, sin aspavientos ni fórmulas prefabricadas.

Foto cortesía de Vigneron
Foto cortesía de Vigneron

El espacio, con capacidad para apenas 30 personas, se percibe íntimo desde el primer momento. Hay una elegancia discreta en el diseño, una calidez que invita tanto a quien llega con años de referencias como a quien se acerca por primera vez al mundo del vino. Aquí no se impone un código; se acompaña al comensal con naturalidad y conocimiento.

La carta de vinos es el corazón del proyecto. Vigneron trabaja bajo un criterio, colaborar con vignerons, productores profundamente ligados a sus territorios, cuya obra expresa identidad más que volumen. La selección privilegia regiones como Borgoña, Champagne y el Valle del Loira, con un guiño igualmente atento a Cataluña. Se trata de una lista pensada desde la coherencia, donde cada etiqueta responde a una historia y a un contexto específico.

Esta misma lógica se traslada a su propuesta gastronómica. En su formato clásico de wine bar, el menú se centra en platos esenciales que acompañan sin distraer: charcutería, quesos, conservas y postres, ejecutados con sobriedad y buen criterio. 

El segundo eje del proyecto es el menú degustación, una experiencia más estructurada que se ofrece de martes a sábado en horarios específicos. Ocho tiempos dialogan con dos opciones de maridaje cuidadosamente diseñadas, en las que aparecen vinos seleccionados especialmente para cada plato, muchos de ellos exclusivos de la casa. Aquí el vino no acompaña; conduce. Las reservas se gestionan a través de la plataforma Tock, reforzando la idea de que se trata de una experiencia pensada, no improvisada.

Detrás de Vigneron hay nombres que explican su consistencia. Taylor Goodall, fundador del proyecto, articula una visión clara y contenida. En cocina, Itzel Meléndez aporta sensibilidad y equilibrio, mientras que Mario Luna, como sommelier, funge como traductor entre la botella y el comensal, con un enfoque pedagógico y cercano. 

Su fuerza está en la precisión, en la escala humana y en la convicción de que el vino se disfruta mejor cuando se entiende como cultura compartida.


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