
Redacción T Magazine México
La celebración por los 50 años de la Colección FEMSA no mira al pasado con nostalgia, más bien lo hace con la intención de desplegar nuevas preguntas. Constelaciones y derivas, la exposición que inaugurará en marzo de 2026 en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, se concibe como un ejercicio de relectura; una invitación a mirar el arte latinoamericano desde cruces, intersecciones y desvíos que rehúyen la narrativa única.
La muestra reúne alrededor de 170 obras de más de 115 artistas de los siglos XX y XXI, e incorpora una pieza comisionada a la artista argentina Ad Minoliti, gesto que confirma la voluntad de no cerrar la colección en su propio archivo. El modelo curatorial —estructurado en constelaciones— evita la cronología estricta y apuesta por un tejido de relaciones entre obras que provienen de geografías, lenguajes y contextos distintos, pero que al reunirse revelan una sensibilidad compartida: la necesidad constante de reinventar las formas de mirar.
Eugenia Braniff, curadora asociada y consejera de Colección y Bienal FEMSA, apunta que este será el despliegue público más amplio del acervo en territorio mexicano. Nombres fundamentales como Remedios Varo, Leonora Carrington, Lygia Clark, Siqueiros y Orozco conviven con artistas que han ampliado los límites del arte latinoamericano en las últimas décadas, como Francis Alÿs, Vivian Suter, Beatriz González, Damián Ortega y Julio Galán.
Paulina Bravo, curadora en jefe de Colección FEMSA, lo define como un homenaje a quienes imaginaron la colección desde 1977, con la convicción de que el arte debía circular más allá de los espacios tradicionales. Ese espíritu se renueva ahora con una curaduría que privilegia las preguntas por encima de las certezas, y que busca reactivar el vínculo entre comunidad, memoria y creación.


Laura Pacheco, gerente de Colección y Bienal FEMSA, recuerda que el compromiso de la empresa con el arte no es reciente. Los 135 años de historia institucional sostienen una visión donde la cultura no se entiende como ornamento, sino como una herramienta de transformación colectiva. La exposición —y el programa público que la acompaña— propone extender esa conversación hacia nuevos públicos mediante charlas, activaciones y talleres.