Foto cortesía de Katja Pargger / Klante.

Redacción T Magazine México

El trabajo de Katja Pargger pertenece a esa categoría poco ruidosa y profundamente consistente. Arquitecta y diseñadora nacida en Austria y radicada en París, su obra se mueve con naturalidad entre escalas, disciplinas y temporalidades, sin perder nunca una cualidad central, que es el rigor entendido como forma de cuidado.

Formada en arquitectura y en ingeniería civil en la Universidad de Innsbruck, Pargger llegó a Francia a mediados de los años dos mil para integrarse al despacho de Dietmar Feichtinger Architectes, donde participó en proyectos de infraestructura y espacio público de alto perfil. Ese tránsito inicial dejó una marca visible en su manera de pensar el espacio: una atención minuciosa a la estructura, a la función y al diálogo con el entorno, que más tarde se transformaría en una práctica propia, fundada en 2013 en el norte de París.

Foto cortesía de Katja Pargger / Klante.
Foto cortesía de Katja Pargger / Klante.

Desde entonces, su estudio ha desarrollado una obra que cruza arquitectura, interiores y diseño de objetos con una coherencia poco común. Restauraciones como Villa N, una residencia del siglo XIX cerca de París, o la transformación de antiguas propiedades rurales francesas, revelan una aproximación donde la luz natural, los materiales nobles y el respeto por el contexto no son decisiones estéticas, sino éticas. La arquitectura no impone, acompaña.

Ese mismo principio se extiende a su trabajo con mobiliario y piezas singulares. Sofás de conversación, bancos, pedestales cerámicos o incluso un kimono de látex aparecen como extensiones del espacio habitable, no como objetos autónomos. Cada escena que construye —ya sea un interior doméstico o un showroom de moda— funciona como una composición total donde pasado y presente se equilibran… sin nostalgia.

Foto cortesía de Katja Pargger / Klante.

No es casual que casas como Chloé o Alaïa hayan encontrado en Pargger una interlocutora afín. Sus colaboraciones con la moda no responden a la lógica del espectáculo, sino a una sensibilidad material que privilegia lo duradero, lo táctil y lo esencial. Tierra compactada, madera, textiles naturales y acabados honestos aparecen una y otra vez como respuesta a una industria acostumbrada al exceso.

Katja Pargger diseña como quien escucha. Y en esa escucha atenta, casi silenciosa, reside la fuerza de su propuesta.


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