Foto cortesía de Gucci.

Carolina Chávez Rodríguez

Milán no fue escenario de un desfile, sino de una idea. Generation Gucci se presenta como un lookbook construido desde la hipótesis: ¿qué sucede cuando el archivo deja de ser referencia y se convierte en materia viva? Fotografiada por el propio Demna, la propuesta imagina una pasarela inexistente y, en ese gesto, desplaza el foco del espectáculo hacia la reflexión. No hay nostalgia explícita, tampoco ruptura forzada. Hay, en cambio, una lectura continua de los códigos de la Casa vistos desde múltiples tiempos a la vez.

La sastrería abre el relato con faille de seda de archivo tratado para simular desgaste, como si el paso del tiempo fuera una textura más. Los broches mínimos sustituyen los botones, afinando siluetas que mezclan precisión y comodidad. Pantalones tipo legging, faldas lápiz y trajes de viaje que se sienten casi como pijamas marcan una línea clara, el cuerpo contemporáneo exige ligereza sin renunciar a estructura.

El diálogo entre función y artificio atraviesa toda la colección. El neopreno del surf se filtra en chaquetas técnicas de cuero; los jeans eliminan costuras visibles y bolsillos evidentes; los abrigos, construidos con shearling, plumas y pelo de cabra, se sostienen sobre bases transparentes, más cercanas a un gesto artesanal que a una prenda convencional. Nada parece rígido. Todo parece pensado para moverse, adaptarse, persistir.

Foto cortesía de Gucci.
Foto cortesía de Gucci.
Foto cortesía de Gucci.

La fiesta aparece sin exceso. Vestidos de jersey fluido, gasa de seda, prendas inspiradas en ropa interior y minifaldas drapeadas sugieren una intimidad controlada, casi silenciosa. Demna no subraya el glamour; lo deja insinuarse ¡y de qué modo! Reimagina los códigos de los años setenta y noventa —la franja Web, la hebilla Double G, el estampado ecuestre— sin convertirlos en cita literal. Aquí el archivo no se replica: se fragmenta y se recompone.

Los accesorios refuerzan esa lógica. La Jackie 1961 adopta proporciones nuevas, el Dionysus se vuelve angular, y los mocasines, tachonados o ultraligeros, parecen objetos heredados que han pasado por varias manos. El calzado, como el resto de la colección, habla de uso, no de exhibición.

Generation Gucci anticipa la visión de Demna para la Casa, que se revelará en febrero, pero no funciona como adelanto publicitario. Es, más bien, una declaración metodológica. Una forma de decir que el lujo contemporáneo no se construye acumulando gestos, sino entendiendo cómo se entrelazan el pasado, el presente y lo que aún no existe… Seguiremos al pendiente.


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