
Redacción T México
En una época acostumbrada a la velocidad y la reproducción infinita, trabajar con las manos todavía exige otra relación con el tiempo. Cada material impone su ritmo; cada técnica conserva una memoria que se aprende mediante la observación, la repetición y el contacto cercano entre generaciones.
Esa continuidad ocupa el centro de la cuarta edición de Homo Faber, que se celebra del 1 al 30 de septiembre de 2026 en la Fondazione Giorgio Cini, en la isla veneciana de San Giorgio Maggiore. Bajo el título An Island of Light, la diseñadora escénica y artista británica Es Devlin reúne el trabajo de más de 500 creadores procedentes de más de 70 países, distribuidos en 15 espacios temáticos.

La exposición permite mirar el objeto terminado, pero también aquello que suele permanecer fuera de escena: las horas de concentración, el dominio de las herramientas y la suma de decisiones que transforma la madera, el vidrio, la piedra, el papel o el esmalte. En An Atelier Alive, por ejemplo, la restauración de una pintura renacentista convive con piezas de relojería de Jaeger-LeCoultre inspiradas en las vistas de Venecia de J. M. W. Turner. En An Infinite Birdsong, el esmalte, el engaste y la representación de aves revelan la precisión necesaria para convertir una superficie diminuta en paisaje.

Parte del recorrido también presenta objetos surgidos de Homo Faber Fellowship, un programa de formación que vincula a maestros artesanos con nuevos creadores. Las obras abarcan disciplinas como la cerámica, la encuadernación, el tallado en piedra, la marquetería de paja y la escultura en papel. Su relevancia reside en el intercambio que las hizo posibles: la transmisión de conocimientos que difícilmente pueden reducirse a un manual.

Para países como México, donde numerosos oficios todavía se preservan dentro de familias, comunidades y talleres, la conversación resulta especialmente cercana. Reconocer la artesanía como pensamiento implica comprender que cada técnica contiene una manera de leer el territorio, organizar el tiempo y relacionarse con la materia. Homo Faber recuerda que conservar un oficio requiere crear las condiciones para que alguien más pueda aprenderlo, practicarlo y llevarlo hacia el futuro.