Redacción T Magazine México

Gucci Resort 2026

La verdad es que algunas tendencias más que por nostalgia, vuelven porque responden a una necesidad distinta. Las gafas de sol oversized pertenecen a esa categoría de objetos que atraviesan las décadas sin perder vigencia porque ofrecen algo más que una solución estética: modifican la manera en que habitamos el espacio público.

En la moda, cubrir la mirada siempre ha significado algo. Jackie Kennedy, Audrey Hepburn o Sophia Loren entendieron que unas monturas de gran tamaño podían convertirse en una extensión del carácter. No se trataba únicamente de protegerse del sol, sino de construir una presencia que oscilaba entre el glamour, el misterio y la distancia.

Audrey, foto: Getty Images.

Hoy esa lectura adquiere un nuevo sentido. En una época marcada por la sobreexposición, donde la imagen parece exigir disponibilidad permanente, esconder parcialmente el rostro puede convertirse en un gesto de intimidad. Las gafas oversized ofrecen precisamente esa posibilidad: observar sin sentirse completamente observado.

Las versiones de acetato grueso, las siluetas bug-eye, los aviadores de gran escala, los cristales tintados y las monturas negras de líneas generosas dominan nuevamente las colecciones. Su lenguaje se aleja del exceso para acercarse a una elegancia que privilegia la permanencia sobre la estridencia.

James Wedge.

Las gafas diminutas definieron buena parte de la década pasada. Hoy, en cambio, la moda parece inclinarse por accesorios capaces de crear una sensación de refugio. Quizá por eso las monturas oversized se sienten tan pertinentes: porque recuerdan que vestirse también consiste en decidir cómo queremos relacionarnos con el mundo.


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