Foto: Giorgos Sfakianakis.

Dalila Cioffi

Durante buena parte del siglo XX aprendimos a mirar el diseño histórico de una manera específica: sobre un pedestal, detrás de una vitrina o perfectamente dispuesto dentro del cubo blanco. Una silla dejaba de ser una silla para convertirse en una pieza; una lámpara abandonaba su función cotidiana para ingresar en la categoría de objeto coleccionable. La museificación permitió conservar una parte fundamental de nuestra cultura material, aunque también produjo una distancia entre los objetos y la vida para la que alguna vez fueron imaginados.

Esa relación comienza a revisarse. Galerías y espacios culturales trasladan piezas históricas hacia arquitecturas domésticas y escenarios temporales donde vuelven a encontrarse con cuerpos, habitaciones, luz, superficies y paso del tiempo. En ese desplazamiento aparece una discusión particularmente fértil: cuánto de lo que entendemos de un objeto depende también del lugar desde el cual lo observamos.

Foto: Giorgos Sfakianakis.

Es en ese territorio donde puede leerse By the sea, el proyecto con el que la galería ateniense ANTIQUA regresa este verano a Maison Bardot, en la isla griega de Antíparos, después de una primera intervención realizada en 2024. Durante junio, julio y agosto, mobiliario, iluminación y piezas de diseño del siglo XX conviven con una arquitectura que deliberadamente se aleja de la asepsia expositiva tradicional.

Foto: Giorgos Sfakianakis.
Foto: Giorgos Sfakianakis.

Las superficies de cal y arcilla, los pisos de terracota, las formas curvas y la luz característica de la arquitectura cicládica modifican la lectura de los objetos. Aquí, las piezas adquieren una presencia cercana a la escultura y establecen relaciones con el espacio, la materia y el ritmo de la isla. Una silla concebida hace décadas puede ser simultáneamente documento histórico, objeto funcional, mercancía y testimonio de una determinada manera de imaginar el cuerpo. La exposición parece interesarse precisamente por mantener esa ambigüedad abierta.

Mientras el diseño coleccionable se aproxima cada vez más a las dinámicas del mercado del arte, objetos creados originalmente para utilizarse adquieren valores ligados a su autoría, procedencia y rareza. Devolverlos a espacios habitables recupera parte de su dimensión física, aunque difícilmente los devuelve a su antigua cotidianidad. Esa contradicción —entre uso y contemplación, historia y mercado— forma parte de la manera en que hoy construimos el patrimonio del diseño.

Foto: Giorgos Sfakianakis.

A partir del 18 de julio, la conversación incorpora las cerámicas de Brian Rochefort, cuyas superficies volcánicas, capas cromáticas y formas orgánicas entran en diálogo con las piezas históricas seleccionadas por ANTIQUA. El encuentro vuelve todavía menos precisa la frontera entre aquello que llamamos arte y aquello que seguimos clasificando como diseño.

Foto: Giorgos Sfakianakis.

Fundada en Atenas en 1954, ANTIQUA pasó de las antigüedades a concentrarse en el diseño histórico del siglo XX, con una selección que atraviesa figuras como Carlo Mollino, Gio Ponti, Ettore Sottsass, Poul Kjærholm y Pierre Paulin, además de investigar y recuperar diseñadores y artistas griegos dentro de una historia que continúa ampliándose.

By the sea permite pensar así el diseño histórico fuera de la inmovilidad del archivo. Los objetos sobreviven porque permanecen, pero también porque cada época vuelve a mirarlos y encuentra en ellos preguntas distintas.


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