El Corinthian, el nuevo velero de lujo de Orient Express, navegará este verano por el mar Mediterráneo.

Este mes zarpa por primera vez el velero más grande del mundo, el Corinthian de Orient Express, que inicia su singladura por la glamurosa Costa Azul, entre Marsella y Saint-Tropez, con escala en Cannes. Su silueta, coronada por tres grandes velas de diseño vanguardista (1,500 metros cuadrados cada una) redefine la idea del lujo contemporáneo. El Corinthian alcanza los 200 metros de eslora, y fue construido en los astilleros Chantiers de l’Atlantique, en Saint-Nazaire, Francia.

A bordo, la embarcación ofrece 54 suites de lujo para 110 huéspedes. El interior ha sido concebido para recuperar la atmósfera de los grandes viajes de la primera mitad del siglo XX, con una estética que dialoga con la memoria del ferrocarril original. Entre los camarotes destaca la suite Agatha Christie, un guiño a la escritora que inmortalizó el Orient Express en la literatura.

El mítico convoy, sinónimo de sofisticación y testigo de viajes legendarios, se reinterpreta ahora en clave náutica como un palacio flotante, con muebles de diseño, cristalería cuidada y una propuesta gastronómica a la altura de su historia. A bordo se encuentra La Table de l’Orient Express, restaurante dirigido por el chef Yannick Alléno, distinguido por la Guía Michelin.

La ruta París-Estambul ha sido sustituida por un itinerario que recorre las costas de Baleares, Capri, Portofino, Nápoles o Sicilia. Los pasajeros pueden disfrutar de gimnasio, jacuzzi, el wine bar La Perla, de inspiración art nouveau, o una biblioteca en alta mar.

En otoño, el yate cruzará el Atlántico para surcar el Caribe, con escalas en Puerto Rico, Saint Barth, Barbados o Antigua. Sus velas llevarán al antiguo mito ferroviario de un confín a otro, ahora impulsado por el viento.

— Javier Fernández de Angulo.

LA LUZ DEL FUTURO

Big Pilot Perpetual Calendar Ceralume, de IWC Schaffhausen.

Entre las múltiples experiencias de la última edición de Watches and Wonders, en Ginebra, una de las más memorables fue la que vivimos en el espacio de IWC Schaffhausen. Allí se presentó el Big Pilot Calendario Perpetuo, una pieza blanca, de esfera elegante y apariencia sobria, elaborado con la nueva tecnología Ceralume.

Se trata de un reloj totalmente luminiscente, producido en una edición limitada de 250 piezas, que abre una vía inédita para el futuro de la relojería. El secreto está en una caja de cerámica blanca, mientras que la esfera y la correa, del mismo tono, se han enriquecido con pigmentos de Super-LumiNova capaces de almacenar luz y de emitir un brillo azul intenso en la oscuridad durante hasta veinticuatro horas.

Más allá de su efecto visual, el nuevo Big Pilot no renuncia a la alta complejidad mecánica. Incorpora un calendario perpetuo, una complicación desarrollada en los años ochenta por Kurt Klaus, así como una doble indicación de fases lunares que muestra simultáneamente cómo se observa la luna desde el hemisferio norte y desde el sur.

En Watches and Wonders, la firma presentó también el nuevo sistema Perpetual Calendar IWC-ProSet.

— J. F. A.

El escultor del aire

El escultor Alexander Calder en su estudio.

Se cumplen 50 años del fallecimiento de Alexander Calder y un siglo de su llegada a París, la ciudad donde conectó con los grandes nombres de la vanguardia y relanzó definitivamente su trayectoria. Para conmemorar ambas efemérides, la Fundación Louis Vuitton rinde homenaje a un artista cuyos móviles y piezas en equilibrio figuran entre las obras más influyentes del arte del siglo XX. Bajo el título Soñando en equilibrio, la exposición reúne cerca de 300 obras que dan cuenta de la extraordinaria amplitud de su universo creativo. Móviles cinéticos, miniaturas, esculturas de alambre, joyas y pinturas componen un recorrido que alterna grandes esculturas suspendidas con pequeñas piezas en tensión, obra gráfica y delicados ejercicios de equilibrio.

Uno de los núcleos más destacados es el excepcional Cirque Calder, cedido por el Whitney Museum of American Art de Nueva York, un conjunto fascinante en el que Calder recrea el mundo del circo con jefes de pista, equilibristas y tragasables, a medio camino entre el juego infantil y el arte, y que resume su capacidad para convertir lo lúdico en una forma de arte visual. La muestra, planteada de manera cronológica, permite ver sus primeros trabajos en alambre, retratos y figuras sencillas que ya le valieron el sobrenombre de el rey del alambre. También se exhiben sus joyas de piedra y metal, piezas que él mismo definía como esculturas portátiles. Hijo de una pintora y un escultor, Calder tardó en asumir su vocación artística. Antes fue bombero en un transatlántico, cronometrador en pruebas deportivas y dibujante, oficios que alimentaron su mirada y su sentido del movimiento. El viaje a París marcó un punto de inflexión. Allí presentó varias exposiciones de sus móviles, término que él mismo acuñó en 1941, y sus obras comenzaron a cobrar vida con el movimiento del aire.

La exposición podrá visitarse hasta el 16 de agosto.

— J. F. A.

FOTOGRAFÍAS: CORTESÍA DE ORIENT EXPRESS; CORTESÍA DE IWC SCHAFFHAUSEN; CORTESÍA DE FUNDACIÓN LOUIS VUITTON.


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