
Carolina Chávez Rodríguez
La cocina es un territorio para mirar hacia adentro. No solo alimenta; también organiza, depura, acompasa. En el cierre del año, cuando los días se sienten densos y las listas interminables, volver al fogón es un modo de regresar al cuerpo, de ejercitar la presencia y de recuperar algo parecido a la calma. No se trata de grandes recetas ni de cenas perfectas, sino de microacciones capaces de recalibrar el ánimo y acomodar la mente.
Aquí, cinco gestos que pueden convertirse en ritual.
1. Preparar un caldo desde cero
Pocas cosas anclan mejor que un caldo. Elegir huesos, verduras, especias, dejarlas soltar su esencia en silencio durante horas. Es un recordatorio de que lo importante toma tiempo, y de que el fuego lento también es una forma de pensar. Un caldo abre el año como lo abre todo: con paciencia.

2. Limpiar la despensa con honestidad
Revisar lo que se quedó atrás, vencer la acumulación, despedir lo que ya no sirve. La despensa revela hábitos, olvidos y deseos pospuestos. Ordenarla es ordenar la cabeza: dejar espacio para lo nuevo, recuperar lo que sí tiene vida, entender cómo hemos comido y cómo queremos comer.
3. Hornear pan aunque no sea perfecto
El pan pide manos, temperatura, respiración. No tiene prisa. Y cada masa, incluso la fallida, enseña algo. Hornear pan en diciembre es aceptar que el año pudo ser irregular pero aun así produjo algo bueno. El pan devuelve confianza y sentido.

4. Elegir un ingrediente que te represente
Puede ser miel, chile seco, limón, vainilla. Un ingrediente que condense el ánimo con el que quieres entrar al siguiente capítulo. Cocinar con él durante la última semana del año es una forma de escribirte a ti misma: sabor como declaración.
5. Servir una mesa sencilla, pero intencionada
Un mantel limpio, una vela, un plato querido. Nada ostentoso. La intención está en habitar el momento: comer sin prisa, agradecer lo que sí sucedió, compartir incluso en silencio. La mesa, cuando se arma con cuidado, es un puente entre lo que se va y lo que llega.
Cerrar el año en la cocina no es una tarea, es una pausa.
Una forma de volver a ti a través de lo que tocas, hierves, cortas, sirves.
Acciones mínimas con efecto profundo.
